
Las Palmas de Gran Canaria, Natalia VAQUERO
Los controladores aéreos que trabajaban durante la madrugada del pasado 1 de junio en el aeropuerto de Gando, cerca de Las Palmas, en Gran Canaria, fueron los primeros en sospechar que algo no iba del todo bien en el vuelo de Air France 447 que ha desaparecido en medio del Atlántico. El avión, con 228 pasajeros a bordo, había despegado del aeródromo de Rio de Janeiro el domingo a las once de la noche y se esperaba su aterrizaje en París a las diez y cuarto del lunes.
En Gando se encendieron las alarmas a las cinco y veinte de la madrugada, cuando en la torre de control se dieron cuenta de que el Airbus A330-200 no aparecía en las pantallas. «Era un vuelo muy frecuente que todos conocíamos», explica el jefe de los controladores aéreos de Canarias, Miguel Torrents. Con 41 años de experiencia, Torrents asegura que lo sucedido en ese avión es un misterio «que probablemente nunca podremos revelar».
«Nunca había pasado algo similar», continúa, aún impactado por una tragedia de la que dio parte su equipo. En la torre de control, las diez personas que cubrían ese turno comenzaron a impacientarse por la tardanza del vuelo, que tenía que entrar en el espacio aéreo del archipiélago hacia las cinco y veinte de la madrugada. «Conocíamos su plan de vuelo y sabíamos con mucha antelación la hora de entrada en la zona que nosotros controlamos», recalca Miguel Torrents. Por esta razón, a partir de las cinco y veinticinco de la madrugada decidieron lanzar varias «llamadas ciegas» a los comandantes del avión siniestrado.
«Hicimos varias llamadas de emergencia y otras normales para ver si nos contestaban», relata Torrents, «pero en ningún momento obtuvimos una respuesta», prosigue. Fue entonces cuando el jefe de sala de los controladores dio aviso de la «extraña» situación a la Base Aérea de Gando. «Pedimos que nos echaran una mano y que mirasen si sus radares localizaban ese vuelo que creíamos que tenía algún problema eléctrico», continúa. Los aparatos de los militares tampoco detectaron el avión que parecía haberse esfumado en pleno vuelo.
Para entonces eran ya las seis menos cuarto de la madrugada y la preocupación era evidente entre los controladores de Canarias. «Decidimos en ese momento dar parte a Air France», explica Torrents. En París recibían de este modo la noticia de que algo «muy extraño» sucedía en el vuelo que había salido de Rio de Janeiro siete horas antes. La emisora de largo alcance de la compañía francesa tampoco dio con el Airbus A330-200. Los peores augurios se cumplían poco antes de las seis de la mañana, cuando Francia y España confirmaban no tener noticia alguna del avión que en tantas ocasiones sobrevoló el cielo canario.
La mayoría de los vuelos transoceánicos con origen o destino a Sudamérica pasan por el espacio aéreo de Canarias. «En todo momento tenemos controlados esos aparatos», añade el jefe de los controladores isleños. El Air France 447 tendría que haber pasado también por el espacio de Senegal y Marruecos.
La tripulación realizó el último contacto con los controladores brasileños cuando se disponía a entrar precisamente en el espacio aéreo de Senegal. Un cuarto de hora después de ese último contacto, el avión salió de la zona de alcance del radar del archipiélago brasileño de Fernando de Noronha y volaba «normalmente a 35.000 pies de altitud y una velocidad de 840 kilómetros por hora». España debería haber asumido el relevo del seguimiento del avión desde Dakar antes de que entrara a ser rastreado por el control francés. Eso nunca ocurrió.
Además, el jueves se supo que el geólogo norteamericano Michael Harris, que viajaba con su esposa, y que ha desaparecido en el accidente del Airbus, tenía previsto pasar una semana en Mallorca y Menorca junto a una veintena de científicos de diversos países.
muy interesante, desconocia este dato tan importante, lo que demuestra que las torres de control, si estaban alertas, cosa que se ha comentado, que en algunas ocasiones, pasan desapercibidas algunas incidencia, un saludo,