La ley es un arte, no ciencia y los colores pueden variar de pincelada a pincelada

Las víctimas del siniestro de Spanair esperan que los peritos europeos aclaren el accidente

Tres supervivientes comparecen ante el juez para contar su «dura» experiencia Critican la tardanza de los servicios de emergencia en llegar al lugar del suces.

Supervivientes y familiares de los fallecidos en el accidente aéreo de Barajas mostraron ayer su satisfacción ante la posibilidad de que varios peritos europeos esclarezcan las causas que provocaron la caída del aparato. Las víctimas elogiaron la decisión del juez de pedir ayuda a la Agencia Europea de Seguridad Aérea después del fallido nombramiento de un equipo de expertos españoles, que fueron recusados porque «no cumplían los imprescindibles requisitos de imparcialidad». A la espera de que las autoridades comunitarias respondan a esta petición judicial, continúa la ronda testifical con la presencia de otros tres sobrevivientes y un policía que socorrió a los heridos.
«Todos los afectados queremos saber la verdad sobre lo que pasó, por qué pasó y qué cosas se hicieron mal, para que no vuelvan a pasar», manifestó a las puertas del juzgado María Loreto González, uno de los 18 pasajeros que salvó la vida en aquel fatídico siniestro en el que fallecieron 154 personas. Por este motivo, añadió, la previsible elaboración de un informe pericial independiente «que identifique a los responsables» es una buena noticia. «Sólo queremos que quien haya tenido la culpa lo pague», apostilló.
María Loreto pasó ayer por los juzgados madrileños de Plaza de Castilla para someterse a un examen forense. Junto a ella lo hicieron otros diez supervivientes, aquellos que ocho meses después del accidente ya pueden valerse por sí mismos. Tres de ellos, además, explicaron ante el juez que investiga el accidente, Javier Pérez, la «dura» experiencia vivida aquel fatídico 20 de agosto. «Un trance demasiado reciente como para rememorar lo acontecido en público», reconoció, cariacontecida, una de las víctimas tras concluir su declaración.
Igual de compungido se encontraba Rafael Vidal, madrileño de 31 años al que el riachuelo próximo a la pista T-4 de Barajas le salvó de las llamas; o Pedro Antonio González, que sigue recuperándose de las fracturas de los fémures y de la pelvis tras salir despedido del avión. Apoyado en una muleta, González se limitó a agradecer su ayuda al bombero que le sacó y al hombre que le metió en la ambulancia. «Muchas gracias», dijo antes de subirse a un taxi.
Tardanza
Las víctimas coincidieron en denunciar los problemas de potencia que presentaba la aeronave y la tardanza de los servicios de emergencia que les socorrieron. Así lo volvió a reiterar María Loreto González. «No parece normal que la asistencia sanitaria tardara entre 30 y 40 minutos en llegar teniendo en cuenta que el avión estaba en una de las pistas del aeropuerto» afirmó.
Pese a estar mejor físicamente pero con el ánimo regular, «o tirando a mal», señaló que lo peor ahora es saber que su hija de 20 años – fallecida en el siniestro- «ya no está aquí». «Una vez que te incorporas a la vida cotidiana, las pérdidas emocionales son lo más duro. Se echa mucho de menos a los que ya no están», aseguró.
De momento, y a la espera de que se apruebe la petición del juez instructor, dos son los imputados: el mecánico Felipe García Rodríguez y el jefe de mantenimiento de Spanair en Barajas, Jesús Torroba Aylagas. Sobre el tercero, Julio Navarro Balderas, el magistrado levantó los cargos porque su intervención el día de autos fue accesoria y no tuvo consecuencia alguna en la ingeniería del MD-82 que sufrió el siniestro.
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