Una negligencia médica convirtió a esta asturandaluza, virtuosa en baile flamenco y, en aquel momento, joven madre de dos niños pequeños, en una usuaria de silla de ruedas. El error médico le sirvió, según confiesa, para empezar a andar por la vida. Tanto que, 27 años después, Sila Murillo es hoy una recién casada con su amor de juventud, abuela de dos nietas a las que adora, presidenta de la Asociación de Mujeres Discapacitadas de Asturias, Amdas La Fonte, portavoz de la mujer en los principales foros de discapacidad y, sobre todo, el ‘pepito grillo’ de las administraciones asturianas. Exige, por encima de todo, la igualdad, no sólo entre hombres y mujeres, sino entre discapacitados y los que no lo son.
-104.500 asturianos con discapacidad y aún no se cumple la Ley Accesibilidad (de 1995) mientras la de la Dependencia (2007) va a trompicones. ¿Cuántos tienen que ser para que les hagan caso?
-Estoy completamente de acuerdo. Es verdad que en los últimos años se ha mejorado mucho, pero todavía hay tanto por hacer…
-Esa fue la cantinela de los políticos en los actos del Día de la Discapacidad, el 3 de diciembre.
-Ese día me sentí avergonzada. Nos exhibieron como a monos de feria.
-Perdone, pero ¿no se trataba de eso precisamente? ¿de que la discapacidad fuera visible?
-Sí, pero los 364 días siguientes seguimos siendo invisibles. Estoy en contra de que se celebre ese día, porque sé qué pasa los otros 364.
-Y ¿qué pasa el resto del año?
-Pues que hay que tener muchos ovarios, o lo otro, en el caso de los hombres, para tirar de una silla de ruedas. No obstante, nosotras somos doblemente discriminadas y, si vives en la zona rural, el triple.
-¿Por qué?
-Pues porque, a pesar de estar en el siglo XXI, la mujer en silla de ruedas es invisible. Ayer mismo vi en un escaparate unos zapatos que me gustaban. Pues bien, tuve que comprarlos desde la calle, donde la dueña me ayudó a probarlos, ya que el local tiene un escalón que no puedo salvar con la silla.
-Hay quien se pregunta que para qué usa usted tacones.
-Ya lo sé. Y sandalias, en verano. Y que lleve pintadas las uñas de los pies. O de las manos. Si hasta a veces, cuando voy sola, me tocan la cabeza y me dicen ‘qué guapina’, con ese tonito que… O si voy con el perro, me sueltan que ‘vaya bien, ¿eh?, ya tienes compañía’. Aunque sé que no es con maldad, es un proteccionismo que me hace saltar de la silla. De rabia, claro, porque yo no me puedo levantar, que es una cosa que también me preguntan mucho. Incluso los médicos.
-¿Qué médicos?
-Pues alguna vez, hace años, al ir al ginecólogo. A la hora de pasar a la mesa me decían ¿se puede levantar? ¡Pues claro que no! Y luego venía lo peor, ya que tenían que venir dos celadores, levantarme, tumbarme, quitarme la ropa, hasta el pañal, y sujetarme las piernas mientras el médico me exploraba, porque no había estribos con sujeción. Afortunadamente, eso cambió, ya que las mujeres con discapacidad hemos reivindicado mucho. Pero si nos negaban hasta la píldora.
-Quizá porque pensaban que la tetraplejia implicaba infertilidad.
-No. Porque las mujeres en silla de ruedas somos invisibles y, además, para la sociedad asexuadas. El ginecólogo que me lo dijo, y lo denuncié a EL COMERCIO cuando ocurrió, lo hizo porque siendo tetrapléjica ‘usted para qué va a tener relaciones, si no siente nada’. Y no sólo me lo dijo a mí, sino también a otra joven. A él le dije lo que digo a todas en el curso de sexualidad que damos: somos discapacitadas, pero mujeres. Yo me maquillo, uso tacones y tengo orgasmos. Porque el placer sexual no está entre las piernas, sino en el cerebro. El problema es que no nos ven.
-Pero usted acaba de casarse.
-Porque Sigi es mi amor de juventud. Nos reencontramos treinta años después y, aunque había una silla de por medio, él no la vio. Ni la ve hoy.
99% de divorcios
-Sin embargo, dentro del colectivo de la discapacidad no todos piensan igual.
-Por eso damos cursos, porque hay mucho desconocimiento, además de discriminación. El 99% de las mujeres que sufren una discapacidad estando casadas son abandonadas. Sin embargo, los divorcios si el discapacitado es él no llega al 5%. Por eso, la sexualidad es clave para alcanzar la normalidad.
-También iba a ser clave la Ley de la Dependencia y… el PP dice que quebrará en 2010.
-Con todos mis respetos, el PP se equivoca. Yo tengo muchísima cofianza en Noemí Martín.
-¿Más que en Pilar Rodríguez?
-Sí.
-¿Hubo un parón en la gestión durante su etapa al frente de Bienestar?
-Soy socialista, pero no callo. La dependencia se llevó mal, no es normal que se tardara años en valorar y que, hoy, estén dando salida a expedientes del año pasado. Por eso digo que estoy encantada con Noemí Martín, para la que pido confianza, porque dinero hay poco.
-¿Se quejan ustedes poco porque están apesebrados? Supongo que es difícil ir en contra de la Administración que le paga la sede.
-Toda la razón, pero yo nunca callo. No lo dijo yo, sino que cuando vamos a cualquier sitio siempre dicen ‘espera, que falta el pero de Sila’. A ver, hay mucho por hacer, cierto, pero también hemos avanzado mucho y, realmente, gracias a que se aplicaron políticas desde la izquierda, muy sociales. Pero yo me quejo. Por ejemplo, tienen que poner ya la figura del asistente personal. Para los discapacitados, que no somos dependientes, es clave. Yo no quiero que mi marido me lave.
-Pero, lo que más piden los beneficiarios de la dependencia es la paga para que el familiar le cuide.
-No estoy de acuerdo. Debemos tener atención profesional. Entiendo que esas mujeres, que toda la vida han cuidado de su familiar, ahora cobren. Pero no 180 euros: un sueldo digno, horario y vacaciones. No limosna.
-Hablando de limosnas, tenemos nuevo arzobispo.
-Yo le digo que voy a misa con fe y comulgo, pero que estoy a favor del aborto y casada por lo civil.
-Eso es pecado. Igual no le dan más la comunión
-Si eso pasa alguna vez, te llamo. Ya sabes que yo no me callo.